6/7/07

EL PORTERO DEL PROSTIBULO

Les presento el relato tradicional del portero, cuyo autor desconozco, y en el que me he permitido la licencia de adaptar un poco la redacción.


EL PORTERO DEL PROSTIBULO


No había en el pueblo peor oficio que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. Un día, se hizo cargo del prostibulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, que decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo:

- A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entran y sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.

- Me encantaría darle gusto, señor —balbuceó— pero yo no sé leer ni escribir, dijo.

-¡Ah! ¡Cuanto lo siento!

-Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida.

-Mire, yo comprendo, - le dijo el nuevo empresario- pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización hasta que encuentre otra cosa. Lo siento, y que tenga buena Suerte.

Sin más, se dio vuelta y se fue.

El portero sintió que el mundo se derrumbaba. “¿Qué hacer?” – se preguntaba- Recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que ésta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. Pero sólo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza derruida. Usaría parte del dinero de la indemnización para comprar una caja de herramientas completa.

Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. Y emprendió la marcha. A su regreso, un vecino lo llamó a su puerta:

-Vengo a preguntarle si tiene un martillo para prestarme, vecino.

-Sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... pues como me quedé sin trabajo....

-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.

-Esta bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta y le dijo:

-Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

-No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.

-Hagamos un trato —dijo el vecino - Yo le pagaré los días de ida y vuelta más el precio del martillo, total usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... Aceptó. Volvió a montar su mula y viajo.

A su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa y le dijo:

-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?... Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje, más una pequeña ganancia; no dispongo de tiempo para el viaje.

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. Recordaba las palabras escuchadas: «No dispongo de cuatro días para compras». Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas.

En el viaje siguiente arriesgó un poco más de dinero trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas, viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con unas vitrinas que consiguió, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Nuestro protagonista ya no viajaba, los fabrican­tes le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricarle las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no’?, las tenazas.., y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos... En diez años, aquel hombre se transformó, con su trabajo, en un millonario fabricante de herramientas.

Un día decidió donar una escuela a su pueblo. En ella, además de leer y escribir, se enseñarían las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el Alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo:

-Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de esta nueva escuela.

-El honor sería para mí —dijo el hombre—. Nada mas me gustaría que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir; soy analfabeto.

— ¿Usted? — dijo el Alcalde, - que no alcanzaba a creer—. Usted construyó un imperio indus­trial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado!. Me pregunto: ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?

-Yo se lo puedo contestar, señor Alcalde — respondió el hombre con calma—.

-Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería el portero del prostíbulo!

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las adversidades encierran bendi­ciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar puede ser tu mejor opción. Una debilidad se puede convertir en fortaleza.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece excelente esta lectura, te invita a confiar, ver de los fracasos no como fracasos, sino como logros y que nadie puede limitar tus metas, y a no tener temor a nuevas experiencias.

Anónimo dijo...

Es una lectura que te llena de optimismo, que sin importar las adversidades siempre hay una salida, que si hacemos bien las cosas serà mucho mejor que lo anterior. Llegar a nuestras metas y ser grandes empresarios sin limitar nuestros objetivos.
GINA PAOLA HERNANDEZ

Anónimo dijo...

Me parecio una lectura muy interesante ya que muestra un acto de superacion de una persona ademas enseña que no todas las cosas negativas que nos suceden no son malas tal vez DIOS nos pone pruebas en la vida para ver como las asumimos y asi darnos una oportunidad mejor.
Karen Rodriguez codigo 25

Anónimo dijo...

es una lectura muy interesante don de se muestra una vez mas que de las pequeñas cosas salen cosas muy valiosas y que no hay que ser un profesional con maestrias y espesialisaciones para ser un gran empresario y que ademas de los obstoculos que se nos presentan en la vida pueden ser el resultado de los inventos mas grandes e inovedosos y que es mejor tenerlos para superrarlos que quedarnos en el mismo lugar sin aspirar amas y que siempre hay que tener humildad.
luz dary escobar

Anónimo dijo...

Hermoso mensaje que nos enseña que no hay que perder el horizonte, por mucho que llueva, al final de la lluvia abrà un arco iris lleno de matices y oportunidades.

KRN dijo...

HOLA
ESTE MENSAJE ME GUSTA POR SU ENSEÑAN ZA POR SIEMPRE PENSAMOS QUE LOS CAMBIOS REPENTINOS SON MAL TRAIDOS PERO NO ES ASI EN LA HISTORIA APESAR DE QUE EL PORTERO RECIVIO UN CAMBIO INESPERADO LE FUE MEJOR QUE AQUELLA PERSONA QUELO DESPIDIO CRELLENDOSE EL GRAN PROFECIONAL

Luis Javier Estrella dijo...

me parece una historia muy ejemplar ya nos muestra los talentos humanos que tenemos sino que debemos explorarlos no importa si nosotros tenemos un empleo o no lo tenemos lo que nos debe importar es nuestra calidad de vida porque debemos ganarle al tiempo no que el tiempo nos gane lucha

Anónimo dijo...

Todos sabemos que la vida esta llena de obstaculos, y que ellos no deben ser motivo para nuestro fracaso. Solo tenemos que vivir cada dia con optimismo y hacer de las cosas difiles un reto, con todo el amor y compromiso por que por cada sacrificio siempre recibiremos bendicion.

Myriam dijo...

La lectura nos nuestra como claramente la vida nos da oportunidades y es allí donde debemos saber aprovecharlas; guardar siempre lo bueno y aprender de ello y ver en la crisis las oportunidades, pues el cambio siempre debe ser para mejorar.

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